Teoria de la Propiedad John Locke

RESUMEN

La teoría de la propiedad de Locke, tal como se la encuentra en el Second Treatise of Civil Government, fue considerada como la base fundamental del liberalismo clásico. Propone, fundamentalmente, que la soberanía emana del pueblo, que la propiedad privada es el derecho básico, anterior a la constitución de los estados, y que el Estado tiene como misión principal proteger ese derecho, así como la vida, salud y las libertades individuales de los ciudadanos. Al Estado le confiere funciones de decisión en controversias entre los individuos, en el contexto de la pluralidad y la tolerancia, puesto que se dan diversidad de opiniones e intereses entre los hombres, fruto de las distintas vías individuales de búsqueda de la felicidad, por lo que el desacuerdo y el conflicto son inevitables. Postula que los hombres viven en desorden necesitando así a una autoridad con función de proteger los derechos naturales. Es así como se necesita un Pacto social, entregándole al Estado la tutela de los derechos naturales y fundamentales del hombre.

 

 

ABSTRACT

 

The theory of Locke’s property, such as found in the Second Treatise of Civil Government, was regarded as the fundamental basis of classical liberalism. Proposes essentially that sovereignty emanates from the people, that private property is a basic laws, before the establishment of the state, and that the State’s main mission is to protect these laws as well as life, health and civil liberties of citizens. The state gives decision functions in disputes between individuals, in the context of plurality and tolerance, since there are diverse opinions and interests among men, the result of the different ways individual pursuit of happiness, so that disagreement and conflict are inevitable. Postulates that men live in disorder and need an authority to function to protect natural laws. That, need a social pact, giving the State the protection of the natural laws of man, fundamental.

 

 

John Locke nació en 1632 en el seno de una familia protestante con inclinaciones puritanas. Su padre, abogado, luchó en favor del Parlamento durante la Guerra Civil. Realizó estudios secundarios en la Westminster School, ejercitándose en las lenguas clásicas, y luego ingresó en un instituto universitario de Oxford, el Christ Church College, una de las instituciones académicas más prestigiosas de Inglaterra. Recibió una educación filosófica escolástica convencional, con el tradicional curriculum de retórica, gramática, filosofía moral, lógica, geometría, latín y griego, interesándose también en las ciencias experimentales y la medicina.

 

Sus principales intereses en esa época eran las ciencias naturales y el estudio de los principios de la vida moral, social y política. Leía a los filósofos contemporáneos, especialmente a René Descartes, fundador del racionalismo y la filosofía moderna, combatiendo su tesis de las ideas innatas. Colaboró en ciencias experimentales con su cercano amigo, Robert Boyle, fundador de la química moderna, a quien también ayudó en la preparación de un libro. También estudió con un eminente médico, Thomas Sydenham, lo cual lo situaba muy cerca de los científicos más destacados de las ciencias experimentales.

 

A principios de la década de 1660 escribió los Ensayos sobre la ley natural, publicado por primera vez en 1954, donde insistía en que no puede existir conocimiento innato y que todo lo que conocemos, incluyendo el bien y el mal, es una inferencia derivada de nuestra experiencia. También escribió en esta época dos ensayos sobre el gobierno, First and Second Tract on Government (no confundir con sus obras posteriores, The First Treatise of Government y The Second Trea-tise of Government), textos publicados por primera vez en 1961.

 

El análisis político más importante de John Locke, The Two Treatises of Government; ha sido considerado durante mucho tiempo como obra fundamental en la historia del liberalismo político. En el Second Treatise, Locke afirma el principio de los derechos naturales individuales, de un gobierno limitado que dependa del respaldo de los gobernados, de la separación de poderes en el gobierno y, con mayor énfasis, el derecho de los individuos dentro de una sociedad de deponer a los gobernantes que no cumplan con su parte del contrato social.

 

Durante la mayor parte del siglo XIX y comienzos del XX, la teoría de la propiedad de Locke, fue considerada como la base fundamental del liberalismo clásico. Su intento por fundamentar el derecho a la propiedad en el derecho natural, se consideró como un medio importante para asegurar los derechos de los individuos en contra del estado y para limitar la autoridad moral de éste en un área decisiva del esfuerzo humano.

 

La postura de Locke, individualista y en favor de la propiedad privada, no siempre fue admirada ni considerada perfecta, pero la crítica estuvo en consonancia con el reclamo de Locke por ocupar un lugar como filósofo liberal. Se lo consideró como un liberal constitucionalista.

 

El proceso de cuestionamiento de la filosofía política de John Locke, generado por tres estudios que pusieron en tela de juicio el hecho de que se considerase a Locke como liberal clásico; basaron su objeción en la interpretación de la teoría de la propiedad de Locke. Las obras de Willmoore Kendall, Leo Strauss y C. B. Mac Pherson argumentaron que Locke no era en absoluto lo que se suponía que representaba, en consecuencia, dieron lugar a una nueva investigación y la importancia de su teoría de la propiedad dentro de su pensamiento político.

 

La teoría de la propiedad de Locke, en el Second Treatise, comienza su exposición respecto al origen de la propiedad, en el estado de naturaleza, ese estado pre-político tan familiar para los filósofos del siglo XVII.

 

En este estado de naturaleza, según Locke, los hombres nacieron libres e iguales: libres para hacer aquello que desearan sin tener que solicitar el permiso de ningún otro hombre, e iguales en el sentido de que no existía ninguna autoridad política natural de un hombre sobre otro. Él señala rápidamente sin embargo, que “aunque se trata de un estado de libertad, no es un estado de libertinaje”, porque está regido por la ley de la naturaleza que todos se ven obligados a respetar. Locke no es demasiado específico en relación con el contenido de la ley de la naturaleza, pero si es claro con respecto a algunos puntos determinados. En primer lugar, que la razón, que constituye esta ley, enseña a toda la humanidad y ésta consulta a aquélla, y en segundo lugar, que enseña principalmente que siendo todos iguales e independientes, nadie debiera dañar a otro en la vida, salud, libertad o posesiones. En consecuencia, Locke coloca el derecho sobre las posesiones en el mismo nivel que el derecho a la vida, a la salud y a la libertad.

 

La premisa de Locke, que compartió con la mayoría de los escritores del siglo XVII, era que Dios entregó la tierra y sus frutos a todos los hombres en común para su uso. El problema que enfrentó consistía en explicar la manera como recursos disponibles para todos en común pueden convertirse en legítima propiedad privada excluyente del derecho de los demás hombres. Locke comienza su análisis identificando la forma de propiedad contra la cual ningún otro hombre podría hacer reclamo alguno en un mundo de individuos políticamente iguales, la propiedad que cada hombre tiene de su misma persona. Representaba una definición de personalidad, aquello que constituye al individuo, e incluye el cuerpo, las acciones, los pensamientos y creencias del hombre. Locke expandió este concepto de propiedad sobre uno mismo cuando recurrió a él para explicar cómo una persona obtiene el derecho de poseer objetos fuera de sí misma, su famosa teoría de la propiedad del trabajo:

 

…cada hombre es dueño de su propia Persona. Nadie, salvo él mismo, tiene derecho a ella. El trabajo de su cuerpo, las obras de sus manos, podríamos decir, son auténticamente suyas. Entonces, todo aquello que él saque del estado en que la naturaleza lo ha producido y dejado, y lo mezcle con su trabajo, lo une a algo que le pertenece, y por lo tanto lo convierte en su propiedad. Al ser sacado por él del estado común en el cual lo puso la naturaleza, tiene, mediante su trabajo, algo que se le ha anexado, que excluye el derecho general de los otros hombres.

 

A Pesar de que Locke utiliza el término trabajo para caracterizar al acto mediante el cual los hombres crean la propiedad, resulta claro en los siguientes ejemplos que el trabajo se define en términos muy amplios. Para Locke, el trabajo incluye acciones tales como levantar bellotas del suelo, juntar manzanas de árboles silvestres, rastrear ciervos en el bosque y atrapar peces en el océano; varía desde sencillos actos de apropiación hasta la producción que implica planificación y esfuerzo. Es un acto creativo y deliberado que extiende los límites de la personalidad a los objetos físicos que anteriormente formaban parte del bagaje común.

 

Después de haber establecido el derecho de un individuo a poseer propiedades en el estado de naturaleza, Locke prosigue con la definición del derecho a la propiedad en términos lo suficientemente amplios como para incluir tanto los frutos de la tierra como la tierra en sí, tanto los bienes que uno crea como la tierra que cultiva.

 

Si bien Locke afirma que los hombres tienen derecho a crear y a disfrutar su propiedad, también sostiene que existen límites a ese derecho en el estado de naturaleza. Alude al primer límite cuando describe la manera en la que se crea la propiedad. Dice: Siendo el trabajo la propiedad incuestionable del trabajador, nadie más que él puede tener derecho a aquello a lo cual se une ese trabajo, al menos cuando existe suficiente y de la misma calidad en común para los demás.  Esto implica que el derecho que uno tiene a la propiedad sólo resulta claro y exclusivo siempre y cuando no ponga en peligro la capacidad de los demás de crear tipos de propiedades equivalentes para sí mismos. Locke no subraya esta limitación, pero enfatiza más la limitación sobre la propiedad en su siguiente argumento. Tanta propiedad como cualquiera pueda llegar a usar para cualquier beneficio de la vida antes de que se eche a perder; en esa medida puede alguien, mediante su trabajo, apropiarse de algo. Todo lo que exceda de esto representa más de lo que le corresponde, y le pertenece a los demás. La razón de este límite se encuentra en el hecho de que Dios no creó nada para que el hombre lo arruinara o destruyera.

 

Locke deduce que siempre y cuando los hombres respeten el mandato de no permitir que nada de lo que posean se arruine inútilmente, habrá en este primitivo estado de naturaleza abundantes tierras y recursos para todos. Además argumenta que originalmente, en el estado de naturaleza, no existía incentivo alguno para que un individuo tratara de acumular más propiedades de las que podía utilizar, ya que la mayoría de los bienes eran perecederos. En realidad, Locke parece describir un estado primitivo de existencia en el cual las poblaciones eran pequeñas y los recursos abundantes, aunque el nivel general de riqueza quizá fuera relativamente bajo. No existía acumulación de riqueza y era escasa la posesión de tierras en una población básicamente nómada.

 

La discusión de Locke respecto del origen de la propiedad privada incluye dos tipos de argumentos en favor de la propiedad. El primero de ellos es el de los derechos naturales, en el cual la propiedad sobre uno mismo implica la propiedad de aquellos bienes creados por el hombre a través del trabajo. Este derecho es absoluto en tanto proviene del derecho natural y de la razón, aunque se ve limitado por la restricción de que nadie puede permitir que se arruinen recursos en su posesión y, posiblemente, por la de que haya oportunidades alternativas para que otros creen su propia propiedad. El hecho de que existan límites al derecho a la propiedad no lo convierte, sin embargo, en algo menos individualista. Dios puede haberles dado a los hombres el mundo en común para que hagan uso de él, pero Dios también les otorgó a los individuos los derechos para que creen su propia propiedad y para que hagan uso de ella para cualquier fin. Ésta es una de aquellas felices ocasiones en las que el derecho natural y las percepciones racionales individuales del derecho natural coinciden en términos generales.

 

En el segundo tipo de argumento en favor de la propiedad privada, Locke, subraya la productividad del trabajo al señalar en varios casos la manera en la cual el trabajo aporta la mayor parte del valor de todas las cosas.

 

Además, y quizás para justificar ante sus lectores la extraña doctrina de que la propiedad del trabajo de cada hombre puede sobrepasar en valor a la propiedad común de la tierra, Locke pasa a establecer que el derecho a la propiedad privada resulta en una ventaja para la población toda. Locke argumentó que la propiedad privada no era sólo moral, sino útil porque es el trabajo el que le otorga una diferencia de valor a cada cosa; y cualquiera que considere cuál es la diferencia existente entre un acre de tierra donde se ha plantado tabaco o caña de azúcar, o donde se ha sembrado trigo o cebada, y un acre de la misma tierra de propiedad común, sin labranza alguna, encontrará que la mejora lograda mediante el trabajo constituye la mayor parte del valor. Este concepto implica que la naturaleza, sin ayuda, realmente brinda muy poco que le sea útil a la humanidad.

 

De lo anterior, Locke establece la importancia relativa del aporte del trabajo a la producción de cosas que la gente valora, y ayudan a explicar por qué el derecho natural permitiría que la propiedad del trabajo pueda sobrepasar en valor a la propiedad común de la tierra. Posteriormente, Locke señala que la mayor productividad de la tierra privada con respecto a la tierra común implica un aumento en el bienestar económico de la comunidad toda:

 

Aquel que cerca sus tierras y obtiene de diez acres mayor cantidad de comodidades para la vida de lo que obtendría de cien dejados a la naturaleza, realmente le obsequia noventa acres a la humanidad. Pues ahora su trabajo de diez acres le brinda las provisiones que constituirían el resultado de cien de propiedad común.

 

A partir de párrafos tales como éstos, estudiosos de la teoría de la propiedad de Locke, concluyen que éste desea justificar la posesión de propiedades a través de los beneficios sociales que otorga, que los argumentos respecto de su conveniencia tienen precedencia sobre los argumentos de derecho natural sobre la propiedad. Los beneficios sociales que describe Locke son dividendos de la posesión de propiedades que él señala para apaciguar las quejas de los opositores contenciosos que puedan tender a objetar el derecho natural a la propiedad. En realidad, la discusión de Locke respecto del derecho a la propiedad es característica de su pensamiento en muchos temas. Existe tanto un derecho natural dictaminado por la ley natural (y esto será evidente para cualquiera que se detenga a pensar en ello) como un beneficio que surge de la observación de ese derecho; todos mejoran su situación con la propiedad privada en el estado de naturaleza, donde derecho y conveniencia van de la mano.

 

Cuando el derecho y la conveniencia no van de la mano, tal como ocurre en el estado de naturaleza al introducirse el uso del dinero, los hombres establecen gobiernos civiles para proteger su derecho a disfrutar de la propiedad creada por cada uno de ellos en el estado de naturaleza.

 

Aún puede existir un argumento respecto de Locke como demócrata defensor del gobierno de la mayoría cuando los gobiernos regulan el derecho a la propiedad, pero no puede apoyarse esta posición con la teoría de la propiedad de Locke en el estado de naturaleza.

 

Es cierto que Locke pensaba que los trabajadores generalmente vivían en un nivel de subsistencia, que habitualmente eran más pobres que los mercaderes, campesinos y terratenientes. Incluso podría ser cierto que, en general, consideraba a los trabajadores pobres como menos inteligentes y menos laboriosos que aquellos que gozaban de una buena situación económica, aunque no existe evidencia concreta de esto. Sin embargo, no es cierto que creyera que fuesen inherentemente menos racionales, ni que tuvieran menores derechos políticos que los terratenientes. En realidad, Locke tomó conciencia de que en una sociedad que utilizaba el dinero cualquiera podía tener propiedades. Todos las poseían, en virtud de la propiedad sobre sí mismos, y ésta podía hacerse extensiva a la propiedad en objetos y dinero. El verdadero logro de Locke fue ampliar la definición de propiedad de manera tal que incluyera todas las formas de riqueza y, por lo tanto, extender la posibilidad de posesión de propiedades más allá de la posesión de tierras.

 

Locke era incongruente en su consideración de la racionalidad humana. Por un lado, supuso que los hombres son igualmente racionales y capaces de cuidarse por sí mismos; concibiendo al hombre con la imagen del burgués racional. Sin embargo, sostiene también MacPherson, como elitista, El observador burgués del siglo XVII difícilmente podía evitar ver una arraigada diferencia entre la racionalidad de los pobres y la de los hombres con algunas propiedades. Ésta era, en realidad, una diferencia de capacidad o disposición para ordenar sus propias vidas según el código moral burgués. Pero desde el punto de vista burgués, parecía ser una diferencia en la capacidad de los hombres para ordenar sus vidas conforme a reglas morales como tales. En consecuencia, Locke se vio obligado a llegar a la conclusión de que aun en el estado de naturaleza, algunos hombres eran morales y racionales y creaban propiedades, mientras que otros eran inmorales e irracionales y hacían que el goce de la propiedad fuera inseguro. Una vez que la posesión de propiedades dividió a los hombres en dos clases, la racionalidad diferencial se tornó inherente a la clase. Por lo tanto, en la sociedad civil los menos racionales debían ser tolerados y bien tratados pero no debían recibir plenos derechos dentro de un gobierno civil destinado a proteger la propiedad.

 

Quizás Locke también se hubiera sentido aterrado por la estructura fiscal de los gobiernos modernos, y aquí su objeción se basaría principalmente en motivos de equidad. Si bien él creía que los gobiernos tenían el derecho y el deber de regular la propiedad para el bien de la sociedad toda, su premisa básica consistía en que la gente debe tener propiedades. Los ciudadanos poseían sus propiedades independientemente de las leyes del estado; por su propia voluntad aceptaron imponerse tributos a sí mismos a través de sus representantes electos, e independientemente de cómo se evalúe la verdadera naturaleza voluntaria de dicha tributación, el principio que Locke quería establecer era el de que la propiedad debía su origen al derecho y a la iniciativa individual y no a la benevolencia del rey o a concesiones políticas.

 

El monarca no tenía derecho a confiscar o redistribuir a su arbitrio las propiedades entre los ciudadanos a menos que existiera un interés público superior. Es indudablemente cierto que el interés público superior sin un claro entendimiento respecto de lo que constituye este interés, brinda el pretexto para el moderno estado benefactor. El mismo Locke supuso que ese interés sería evidente y estaría limitado a aliviar el hambre y a proteger a Gran Bretaña contra los príncipes de otros países con los cuales coexistía en un estado de naturaleza o, en el peor de los casos, en un estado de guerra. Locke creía que la mayoría de la gente estaría de acuerdo respecto de las correspondientes limitaciones del control gubernamental de la propiedad, pero no porque excluyera a las clases pobres y trabajadoras en su definición de la gente. Por el contrario, Locke creía que la mayoría de los individuos serian propietarios y percibirían que su riqueza, sus vidas y su libertad dependerían del hecho de limitar la prerrogativa del rey.

 

Mucho se ha comentado sobre un pasaje del Second Treatise en el cual Locke se refiere a amor sceleratus habendi, concupiscencia maligna, como causa de corrupción dentro de la sociedad. Comúnmente se considera que alude a la codicia lasciva de hombres egoístas y se lo utiliza para fundamentar la aversión que Locke sentía por el comportamiento adquisitivo. Seliger considera esto como una evidencia más de la naturaleza irracional de los deseos económicos. Sin embargo, cuando se toma la referencia dentro del contexto, ésta alude claramente no a la codicia de los propietarios productivos, sino a la de los príncipes que ambicionan la riqueza de sus súbditos y que deben ser limitados por el público precavido.

 

Locke no podía imaginar a los hombres viviendo mucho tiempo en un estado de naturaleza, porque no podía imaginar la satisfacción de esos objetivos de manera civilizada sin un gobierno que actuara como árbitro de las disputas y que brindara un marco legal. Sin embargo, es deber del gobierno abstenerse de destruir las metas económicas de los ciudadanos, excediéndose en su mandato. En este importante sentido, el gobierno está subordinado no a la economía per se, sino a los deseos de los individuos, quienes, por sobre todas las cosas, quieren proteger sus vidas, libertades y posesiones. Es éste el mensaje fundamental de Two Treatises of Government y de la relación existente entre el gobierno y los derechos a la propiedad que tienen los ciudadanos.

Abogado: Ana Beatriz Arriba.